« Más allá del ser y de su ausencia, más allá, siempre épekeina — allí, en ese ningún allí flota, impávida, LA DISPERSIÓN ».
« ».
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Toda explicación de los orígenes del estado parte de la premisa de que «nosotros»(no los lectores, sino algún nosotros genérico, tan amplio que no excluya a nadie) participamos en la creación del estado. Pero lo cierto es que el único «nosotros» que conocemos (nosotros mismos y las personas que nos rodean) nacemos en el estado; y nuestros antepasados, hasta tan lejos en el tiempo como podamos remontarnos, también nacieron en el estado. El estado está siempre ahí, antes que nosotros.
¿Cuánto tiempo atrás podemos remontarnos? El pensamiento africano ha llegado al consenso de que después de la séptima generación ya no es posible distinguir entre historia y mito.)
Diario de un mal año, J. M. Coetzee
"Tarde o temprano el filósofo auténtico descubre el hecho de una diferencia, de un abismo insalvable que existe entre él y el resto del universo. ¡He aquí un momento peligroso para todo filósofo! Ante este pavoroso descubrimiento hay dos respuestas o reacciones que son posibles: uno puede volver rápidamente la vista atrás y buscar un medio para recobrar su ser íntegro, insistiendo en que es posible reparar esa ruptura y reunirse con algo que en nuestros oscuros orígenes preexistía [a] la separación; o, por otro lado, uno puede tolerar esa visión de la diferencia –lo cual no es fácil–, tratar de aceptarla, y dedicarse a la tarea de convertirla en algo positivo. En otras palabras, o uno puede entregarse a una nostalgia infinitamente atractiva, o puede renunciar a esta, aceptando la imposibilidad de eliminar esa ruptura, y puede lanzarse a la aventura de mejorar esta vida tal cual es."
Patrick Dust
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martes, 3 de agosto de 2021
4 de
agosto de 2Ø21
The
Last Rock´n´Roll Suicide
¿Cómo
haremos para desaparecer?
Maurice
Blanchot
Es
maravilloso el día en que la nave nodriza viene por fin a llevarte a
casa. Estaba ansioso, como cualquiera de los 7 primeros días de cole, en la remotísima infancia del mundo.
Recuerdo
aún las fumorolas de ácido nitroso asfixiando de risa sardónicas a
los saurios, grandes enfermos del tétanos y su meteórica muerte que iluminó la luna.
Ellos
me contaron con sus prolépticas exhalaciones postreras la T:ª from Erich:
Tal convicción acerca de la unicidad del individuo se expresa, por
ejemplo, en la sentencia talmúdica:
Quien
salva una sola vida, es como si hubiera salvado a todo el mundo;
quien destruye una sola vida, es como si hubiera destruido a todo el
mundo.
(...)
La
responsabilidad podría degenerar fácilmente en dominación y
posesividad, si no fuera por un tercer componente del amor, el
respeto.
Respeto no significa temor y sumisa reverencia; denota, de acuerdo
con la raíz de la palabra (respicere
= mirar), la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener
conciencia de su individualidad única. Respetar significa
preocuparse por que la otra persona crezca y se desarrolle tal como
es.
(...)
Hay una manera, una manera desesperada, de conocer el secreto: es el poder absoluto sobre otra persona; el poder que le hace hacer lo que queremos, sentir lo que queremos, pensar lo que queremos; que la transforma en una cosa, nuestra cosa, nuestra posesión. El grado más intenso de ese intento de conocer consiste en los extremos del sadismo, el deseo y la habilidad de hacer sufrir a un ser humano, de torturarlo, de obligarlo a traicionar su secreto en su sufrimiento. En ese anhelo de penetrar en el secreto del hombre y, por lo tanto, en el nuestro, reside una motivación esencial de la profundidad y la intensidad de la crueldad y la destructividad.
Se puede medir el grado de civilización de un país atendiendo
a la cantidad de garabatos que aparezcan en las paredes de sus letrinas. (...) El ornamento es fuerza de trabajo desperdiciada y por ello salud desperdiciada. Así fue
siempre. Hoy significa, además, material desperdiciado y ambas cosas significan capital
desperdiciado.
Me gustaría que esta confesión, hijo mío, fuera la más simple y ausente de complejidad que mi hacer pudiera; por eso, la cita que la encabeza contradirá siempre lo que sigue.
Acepto la impotencia que expresa mi perseverancia, que escasa e inconstante se pierde por los vericuetos menos significativos del esse sin H. de Hermann o Jeiperman, nunca recuerdo cómo se escribe. Se lo debo tanto a tu abuelo R. como a la abuela de los peines. Lo digo en plan acusica, por no aceptar la enorme responsabilidad que cual pesario necesitará tu m, ya más pronto que tarde.
¿Será, entonces las letrinas de los colegios o facultades el ejemplo del grado de civilización que aparentamos? Sincera-mente no lo sé, D. ¿Tal vez sean los asépticos y funcionales aseos de la Torre Picasso los que muestran la degeneración del mundo? Ni idea, de nuevo.
Deseo confesarte mi fracaso como pareja de tu madre; es algo con lo que he aprendido a vivir, o eso creía hasta que la espada de Damocles me tocó el pasado mes de julio.
Aunque parezca, mentira me siguen asombrando las reacciones del exterior, como se repiten las mismas frases es como decir que el nivel de las ideas que expresan se ha degradado más y más. Las vacunas nos harán más viejos pero no más sabios. La historia de siempre. Ahora soy yo el que con un pobre puñado de expresiones intenta escurrirse el magín de los memes memos que nos asolan.
He errado tantas veces en esos lances, pero en todas las ocasiones solo fue mi debilidad y cobardía tan imaginada como real la que me hizo caer; y tropezar en mi propia sombra produce tanto dolor como en las únicas mujeres que reales, tanto Realität como Wirklichkeit, para mí fueron; y que fue una tu madre para mí, en ocasiones eso creí, conmigo.
No deja por repetitivo de ser un mundo maravilloso que descubrir, siempre mejor en buena compañía que en solateras.
Sé que es real porque tú viniste al aquí y al ahora, y en eso mi pobre yo cogito, mi yo pensante no puede engañarse. He querido que de pensante pasase a cesante en ocasiones, pero fue deseo no satisfecho, como lo son todos menos tú, que renaces de mis cenizas cada día más fuerte, más bello, más bueno, más sabio,... aún si cabe.
Tu tío quería un hijo y M., su pareja de entonces, una hipoteca. ¿Fue eso lo que los separó cuando se extinguió el contrato de arrendamiento que los unía? Creo que no y que sí, porque fue el viento de la mudanza salomónica que llevó sus enseres divididos a trompicones a sendas casas familiares.
Si hubieran buscado un almacén para dejar juntos sus objetos, ¿significaría que esos rescoldos de su amor se hubieran vivificado y no apagados?
No lo creo. Hay brasas que pueden calentarte el corazón o incinerarte en el peor huracán de fuegos y lágrimas de magma magmosa cascabelosa.
Recuerdo cuando con tan solo 3 o 4 años de camino, ya muy cerca, a tu casa de mamá, tú querías seguir jugando conmigo, y yo, astuto y perverso como solo lo puede ser un adulto que sondea a la inocencia encarnada, te pregunté:
---¿Quieres que suba contigo a casa a seguir jugando?
Tu respuesta fue la verdad pura y perfecta:
---No puedes, papi, porque tú y mamá ya no sois novios porque no estáis enamorados.
Hiciste un auténtico juicio sintético a priori de la forma natural que tuvo en el Paraíso antes de morder la manzana agusanada que nos condenó a lo trabajos y los días del preclaro Hesiodo; un Herodes avant la lettre.
---Ya estás ornamentado, papi.
---Mea culpa-culposa-cascabelosa, D; y encima no han empezado aún las palabras chorizo.
---Uhmm, macarrones con chorizo... por ahí vas bien, papi.
Amor y enamoramiento es un tema demasiado abstruso para mí, pero gracias a ti lo entendí porque lo sentí, gracias a ti siempre. Ahí es cuando el conocimiento se transmuta en saber; que es otro nombre distinto para el maravilloso sinsentido de las noches blancas.
Hijo de mis cremásteres of Uni-Multi--Re-Verso, tu sabiduría me ha alumbrado desde el 201B de Baker no-Street; he aprendido más que en todos los libros, más que en todas las conversaciones, más que en todos mis silencios de aguzadas orejas que absorbían como una triste esponja sin mar, ya seca, ya quebradiza, torva y malvada lejos del mar del bendito ponto del olvido.
Del hijo y del matrimonio
Tengo una pregunta para ti solo, hermano mío: como una sonda lanzo esta pregunta a tu alma, para saber lo profunda que es.
Tú eres joven y deseas para ti hijos y matrimonio. Pero yo te pregunto: ¿eres un hombre al que le sea lícito desear para sí un hijo?
¿Eres tú el victorioso, el domeñador de ti mismo, el soberano de los sentidos, el señor de tus virtudes?
Así te pregunto. ¿O hablan en tu deseo el animal y la necesidad? ¿O la soledad? ¿O la insatisfacción contigo mismo?
Yo quiero que tu victoria y tu libertad anhelen un hijo. Monumentos vivientes debes erigir a tu victoria y a tu liberación Por encima de ti debes construir.
Pero antes tienes que estar construido tú mismo, cuadrado de cuerpo y de alma.
¡No debes propagarte sólo al mismo nivel, sino hacia arriba!
¡Ayúdate para ello el jardín del matrimonio!
Un cuerpo más elevado debes crear, un primer movimiento, una rueda que gire por sí misma, - un creador debes tú crear.
Matrimonio: así llamo yo la voluntad de dos de crear uno que sea más que quienes lo crearon.
Respeto recíproco llamo yo al matrimonio, entre quienes desean eso.
Sea ése el sentido y la verdad de tu matrimonio. Pero lo que llaman matrimonio los demasiados, esos superfluos, - ay, ¿cómo lo llamo yo?
¡Ay, esa pobreza de alma entre dos! ¡Ay, esa suciedad de alma entre dos! ¡Ay, ese lamentable bienestar entre dos!
Matrimonio llaman ellos a todo eso; y dicen que sus matrimonios han sido contraídos en el cielo.
¡No, a mí no me gusta ese cielo de los superfluos! ¡No, a mí no me gustan esos animales trabados en la red celestial!
¡Permanezca lejos de mí también el dios que se acerca cojeando a bendecir lo que él no ha unido!
¡No me os riais de tales matrimonios! ¿Qué hijo no tendría motivo para llorar sobre sus padres?
Digno me parecía a mí ese varón, y maduro para el sentido de la tierra: mas cuando vi a su mujer, la tierra me pareció una casa de insensatos.
Sí, yo quisiera que la tierra temblase en convulsiones cuando un santo y una gansa se aparean.
Éste marchó como un héroe a buscar verdades, y acabó trayendo como botín una pequeña mentira engalanada. Su matrimonio lo llama.
Aquél era esquivo en sus relaciones con otros, y seleccionaba al elegir. Pero de una sola vez se estropeó su compañía para siempre: su matrimonio lo llama.
Aquél otro buscaba una criada que tuviese las virtudes de un ángel. Pero de una sola vez se convirtió él en criada de una mujer, y ahora sería necesario que, además, se transformase
en ángel.
He encontrado que ahora todos los compradores andan con cuidado y que todos tienen ojos astutos. Pero incluso el más astuto se compra su mujer a ciegas.
Muchas breves tonterías - eso se llama entre vosotros amor. Y vuestro matrimonio pone fin a muchas breves tonterías en la forma de una sola y prolongada estupidez.
Vuestro amor a la mujer, y el amor de la mujer al varón: ¡ay, ojalá fuera compasión por dioses sufrientes y encubiertos! Pero casi siempre dos animales se adivinan recíprocamente.
E incluso vuestro mejor amor no es más que un símbolo extático y un dolorido ardor.
Es una antorcha que debe iluminaros hacia caminos más elevados.
¡Por encima de vosotros mismos debéis amar alguna vez! ¡Por ello, aprended primero a amar!
Y para ello tenéis que beber el amargo cáliz de vuestro amor.
Amargura hay en el cáliz incluso del mejor amor: ¡por eso produce anhelo del superhombre, por eso te da sed a ti, creador!
Sed para el creador, flecha y anhelo hacia el superhombre: di, hermano mío, ¿es ésta tu voluntad de matrimonio? Santos son entonces para mí tal voluntad y tal matrimonio. –
D., hijo querido y no sabido, no viajes al pasado más que para recuperar la felicidad que hubo para que sea y siga siendo así.
No viajes al futuro más que para una meta feliz que será porque es y así fue.
Tampoco hagas demasiado caso a este viejo y estúpido aprendiz eterno.
Y menos hagas caso de Zaratustra, que me encontré demasiado pronto para un cerebro demasiado enjuto y niño. Si lo lees porque lo deseas, que sea la prudencia y buen tino quien guíe tus Inneres Auge.
No me admires, ¡¡¡nunca!!!
De que leas esta carta, se encargarán personas buenas y sabias, que solo te la darán cuando me haya matado tu libertad, y no antes de tus 25 años.
Tu padre que te quiere en cualquier sazón y sinrazón necesaria ni suficiente de condicio sine qua non, con toda mi alma imperfecta pero que quiso ser buena.
Come un branco di lupi
Che scende dagli altipiani ululando
O uno sciame di api
Accanite divoratrici di petali odoranti
Precipitano roteando come massi da
Altissimi monti in rovina.
Uno dice che male c'è
A organizzare feste private
Con delle belle ragazze
Per allietare primari e servitori dello stato?
Non ci siamo capiti
E perché mai dovremmo pagare
Anche gli extra a dei rincoglioniti?
Che cosa possono le leggi
Dove regna soltanto il denaro?
La giustizia non è altro che una pubblica merce
Di cosa vivrebbero
Ciarlatani e truffatori
Se non avessero moneta sonante da gettare come ami fra la gente.
Se
nos transmite por vía oral una frase de Schuler. Todo conocimiento,
dice, debe contener un poquito de contrasentido, como los dibujos en
los tapices antiguos o los frisos ornamentales de entonces en los que
siempre podemos percatarnos de una desviación insignificante
respecto de su línea regular. Con otras palabras: lo decisivo no es
la prosecución de conocimiento a conocimiento, sino el salto en cada
uno de ellos. El salto es la marca imperceptible de autenticidad que
los distingue de las mercancías en serie elaboradas según un
patrón.
EL
ÁRBOL ԖEL LENGUAJE
Subí
a una explanada y me tumbé bajo un árbol. El árbol era un álamo o
un chopo. ¿Por qué no he retenido su
familia? Porque mientras miraba el follaje y seguía su movimiento
quedó en mí, captado por él de un golpe, el lenguaje que por un
instante realizó en mi presencia sus antiquísimas nupcias con el
árbol. Las ramas, y la cima con ellas, se balanceaban cavilosas o se
balanceaban rehusándose; las hojas se mostraban complacientes o
altaneras; la copa se erizaba contra una áspera corriente de aire,
se estremecía ante ella o le hacía frente; el tronco disponía de
su buen trozo de suelo sobre el que afincaba; y una hoja arrojaba su
sombra sobre otra hoja. Un viento suave hacía música de bodas y
enseguida llevó por todo el mundo, como un discurso de imágenes, a
los hijos nacidos pronto de ese lecho.
HABITANDOSIN HUELLAS
Si
entramos en un cuarto burgués de los años ochenta, la impresión
más fuerte, a pesar de toda la «amenidad» que quizás irradie, es
la siguiente: «Nada tienes que buscar aquí». Nada tienes que
buscar aquí porque no hay un solo rincón en el que no hubiese
dejado su huella quien lo habita: en los estantes hay chucherías, en
los butacones hay pañitos con sus iniciales, visillos ante los
ventanales y rejillas ante la chimenea. Una bonita frase de Brecht
nos ayuda a marcharnos, a marcharnos muy lejos: «¡Borra las
huellas!». Aquí, en el cuarto burgués, el comportamiento contrario
se ha hecho costumbre. Y viceversa, el interior obliga a sus
habitantes a imponerse una cantidad altísima de costumbres. Se
reúnen éstas en la imagen del «Señor amueblado», tal y como la
tienen siempre presente las patronas. Habitar aquellos aposentos
afelpados no era más que seguir una huella fundada por la costumbre.
Incluso la cólera, que
al
menor daño embargaba a los dañados, no era quizás sino la reacción
de un hombre al que le están borrando «las huellas de sus días
sobre esta tierra». Huellas que 'él mismo ha impreso en cojines y
en sillones, las de sus parientes en las fotografías, las de sus
bienes en fundas y estuches, huellas todas que parecen dejar a veces
los cuartos tan superpoblados como un columbario. Los nuevos
arquitectos lo han logrado con su acero y su vidrio: han creado
espacios en los que no resulta fácil dejar una huella. «Tras lo
dicho», escribió ya hace veinte años Scheerbart, «podemos hablar
de una cultura del vidrio. El nuevo ambiente de vidrio transformará
al hombre por completo. Y no nos queda ahora sino desear que dicha
cultura nueva no encuentre demasiados enemigos».