G A M E ·|· O V E R
S I G N O ·· DE ·· D I S P E R S I Ó N ·· (b)ú(h)ó ·· O T R O S D E S P L A Z A M I E N T O S
PORQUE BAILANDO HASTA el ESPÍRITU SANTO SE PONE BLANDO
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---¿Esta partida la ha ganado Solaris?
---Esta también, de siempre me ha derrotado Solaris.
---Pues toma Viagra, joder.
---Sabes que no es eso, que joder jodo a base de bien,
si no ve y pregunta por ahí.
Querido hijo:
Hoy que ya tienes por lo menos 25 años y ya no debo de ser para ti ningún ídolo de la infancia, gracias a los Cielos, pero tampoco el enemigo de tu adolescencia. Hoy quiero hablarte de un conocido de mi pasado reciente:
Responde al nombre de J., y a pesar de que en algún momento sus palabras fueron como alfileres para mí, fue un amigo, supuestamente, que quiso compensar la pérdida de R. conmigo.
Es lo que tiene la tristeza y la mala conciencia, que, aunque no tengan objeto ni fundamento real, en otro plano tienen mayor entidad que los dedos que teclean o sostienen el cigarrillo.
Lo escribió mucho mejor Eugenio Trías en La dispersión:
«Más allá del ser y de su ausencia, más allá, siempre épekeina —allí, en ese ningún allí flota, impávida, LA DISPERSIÓN».
Sin embargo, ¿debí ser tan explícito en mis disfrazados juicios? No, por lo que entendí a toro pasado de revoluciones.
Ha escrito por fin una novela en la que se saca de dentro sus familiares demonios familiares.
Ha evolucionado como escritor, que desde que lo conozco era su gran ilusión. Por fin le han publicado en una editorial de renombre que se llama Anagrama, tal vez aún exista, aunque su fundador ya habrá muerto, en tu hoy que es mi ayer.
Es una novela dura con su familia y con él mismo. Ha renunciado a su segundo apellido, el de su madre, por motivos que no sé interpretar con bondad, por eso permíteme que me la reserve.
Intenta honestamente soltarlo fuera:
Ha honrado a su padre adoptivo, páter putativo (P.P., A.P. CEDA) para más INRI, y verdadero padre a efectos vitales: el desarrollo de la personalidad.
Adoptando la grafía catalana se distrae de algo más importante que no consigue ver aún, pero para lo que apunta en la dirección correcta. Hay demasiada cabeza en liza con el corazón.
Su mejor amigo fue R. Es una novela sin nombres, y a la vez está rebosantes de ellos, que refulgen desde el vértigo del blanco abisal.
Como es de recibo, habla del gran psiquiatra que tanto le ayudó, M. lo llamaba A. con total familiaridad. Tampoco pone su nombre, es un libro con los —just do it— nombres justos.
Como ves, en mi fuero interno, sigo repleto de malditos dualismos en oposición, al menos solo sobre el papel, que es el lugar, hijo mío, donde deberían expresarse solamente las discordias. Es solo mi opinión, claro.
Así creo que lo entendía J., al que le reproché no haber estado a la altura para cuidar de A., cuando fue ella quien lo abandonó; pero él —como se lee en su nueva novela— ya venía sufrido, pero poco despierto.
Puedo jugar al pasivo (fóbico)-agresivo (contrafóbico) de forma tan obsesiva que hasta que me duelen las entrañas no me detengo. No es una buena manera de conducirse por la vida, Daniel, aunque el único perjudicado pueda creer ser solo yo, el reflejo de mi espejo fue inmisericorde.
¡Cuánto me gustaría tenerle en mi diván! o, al menos, ver las conclusiones de un Mutifásico de Minnesota, como el que nos hicieron para el curro del Tanatorio de la Paz.
Pero es lo que tiene la distimia o trastorno depresivo persistente, que te convierte en un viejoven gruñón y apocalíptico; o, peor aún, en un moralista de chichinabo. ¡Qué me lo digan a mí si no¡
—¿Por eso se enfadó contigo, papi? ¡Qué tonto, ¿no?!
—Ni idea, pero me temo que le siguen dando, pues ha resultado un consciente inconsciente luchador de la clase proletaria sin más formación que los regalos de papi y mami.
—¿Por qué dices eso, papi querido? Me parece que ahora eres tú el de los desplazamientos.
—Seguro que sí, pero también de que no ha sabido ni leer al cuentista y pagado de sí mismo primo S., Daniel
.
—¿Me contarás sus cuentos a mí?, que me gustaría echarme unas risas caníbales.
—No merecen la pena y ni siquiera las alegrías, pero si las descargo de moralina tal vez podrían dar para una noche de las mil.
Freno aún a destiempo para mi pesar y sobre todo a pesar de ti, pues soy el único culpable de esta situación, mi querido hijo. A ti, que me has enseñado a decir "te quiero" —"mi extensión y mi reflexión", aprendí de una brujita buena no hace nada—; también que "unas veces se gana y otras se aprende", me enseñó un Merlín sin más disfraces que el de las 3 verdades que consume al día.
Solo a ti te debo miles de disculpas, millones de te quiero tras los cuentos mutantes y todas las "sillas locas" que te plazcan.
En cualquier caso, los afluentes me han hecho perder el meandro principal del Gran Río, y solo quería decirte que me gustó mucho hablar contigo ayer.
Gracias por esa calabaza de Halloween de Todos los Santos que me has hecho. es preciosa. Me recuerda el soliloquio de una peli muy divertida que ya es un clásico:
No te preocupes, que la abuela va a ir a correos, elegirá el sobre adecuado (igual se pasa de grande, pero ante la duda..., para que te llegue uno ya franqueado con la dirección de tu segundo hogar.
Un beso, hijo, que contigo solo juego al truco o trato para reírnos a carcajada limpia.
Otros clásicos:
work in progress

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