jueves, 24 de diciembre de 2020

A bailar pastores, depende

 


2Ω de diciembre de 2Θ2Φ 

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VOGLIO VERTE DANZARE, PASTOR 



Dichoso el hijo                        

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      Ω                                    Chistoso
que tiene a su padre en el infierno.



YOU HAVE CONQUERED, AND I YIELD.
YET HENCEFORWARD ART THOU ALSO DEAD - DEAD TO THE WORLD, TO HEAVEN, AND TO HOPE!
IN THE DIDST THOU EXIST -AND, IN MY DEATH, SEE BY THIS IMAGE, WHICH IS THINE OWN.
HOW UTTERLY THO HAST MURDERED THYSELF.

EDGAR ALLAN POE>><WILLIAM WILSON




En algún apartado rincón del universo,
desperdigado de innumerables y
centelleantes sistemas solares, hubo
una vez un astro en el que animales astutos
inventaron el conocer. Fue el minuto más
soberbio y más falaz de la Historia
Universal, pero, a fin de cuentas, sólo un
minuto. Tras un par de respiraciones de la
naturaleza, el astro se entumeció y los
animales astutos tuvieron que perecer. Alguien podría inventar una fábula como
ésta y, sin embargo, no habría ilustrado
suficientemente, cuán lamentable y sombrío,
cuán estéril y arbitrario es el aspecto que
tiene el intelecto humano dentro de la
naturaleza; hubo eternidades en las que no
existió, cuando de nuevo se acabe todo para
él, no habrá sucedido nada. Porque no hay
para ese intelecto ninguna misión ulterior
que conduzca más allá de la vida humana

(...)

Mientras que el
hombre guiado por conceptos y
abstracciones únicamente con esta ayuda
previene la desgracia, sin ni siquiera extraer
algún tipo de felicidad de las abstracciones
mismas, aspirando a estar lo más libre
posible de dolores, el hombre intuitivo,
manteniéndose en medio de una cultura,
cosecha a partir ya de sus intuiciones, además
de la prevención contra el mal, un flujo
constante de claridad, jovialidad y redención
que afluyen constantemente. Es cierto que,
cuando sufre, su sufrimiento es más intenso; e
incluso sufre con mayor frecuencia, porque no
sabe aprender de la experiencia y una y otra
vez tropieza en la misma piedra en la que ya ha tropezado anteriormente. Es tan irracional
en el sufrimiento como en la felicidad, grita
como un condenado y no encuentra ningún
consuelo. ¡Cuán distintamente se comporta el
hombre estoico ante las mismas desgracias,
instruido por la experiencia y dominándose a
sí mismo mediante conceptos! Él, que sólo
busca habitualmente sinceridad, verdad,
emanciparse de los engaños y protegerse de
las sorpresas seductoras, ahora, en la
desgracia, como aquél en la felicidad, lleva a
cabo la obra maestra de la ficción; no presenta
un rostro humano que se contrae y se altera,
sino, por así decirlo, una máscara con digna
simetría en los rasgos, no grita, ni siquiera lo
más mínimo altera el tono de voz. Cuando
todo un chaparrón descarga sobre él, se
envuelve en su capa y se marcha, a paso lento,
bajo la lluvia.

 NIETZSCHE>< SOBRE VERDAD Y MENTIRA EN SENTIDO EXTRAMORAL
edición de Simón Royo Hernández










S E C R ET Ω S IG N Ω

Se nos transmite por vía oral una frase de Schuler. Todo conocimiento, dice, debe contener un poquito de contrasentido, como los dibujos en los tapices antiguos o los frisos ornamentales de entonces en los que siempre podemos percatarnos de una desviación insignificante respecto de su línea regular. Con otras palabras: lo decisivo no es la prosecución de conocimiento a conocimiento, sino el salto en cada uno de ellos. El salto es la marca imperceptible de autenticidad que los distingue de las mercancías en serie elaboradas según un patrón.









EL ÁRBOL Ԗ EL LENGUAJE


Subí a una explanada y me tumbé bajo un árbol. El árbol era un álamo o un chopo. ¿Por qué no he retenido su familia? Porque mientras miraba el follaje y seguía su movimiento quedó en mí, captado por él de un golpe, el lenguaje que por un instante realizó en mi presencia sus antiquísimas nupcias con el árbol. Las ramas, y la cima con ellas, se balanceaban cavilosas o se balanceaban rehusándose; las hojas se mostraban complacientes o altaneras; la copa se erizaba contra una áspera corriente de aire, se estremecía ante ella o le hacía frente; el tronco disponía de su buen trozo de suelo sobre el que afincaba; y una hoja arrojaba su sombra sobre otra hoja. Un viento suave hacía música de bodas y enseguida llevó por todo el mundo, como un discurso de imágenes, a los hijos nacidos pronto de ese lecho.





HABITANDO SIN HUELLAS

Si entramos en un cuarto burgués de los años ochenta, la impresión más fuerte, a pesar de toda la «amenidad» que quizás irradie, es la siguiente: «Nada tienes que buscar aquí». Nada tienes que buscar aquí porque no hay un solo rincón en el que no hubiese dejado su huella quien lo habita: en los estantes hay chucherías, en los butacones hay pañitos con sus iniciales, visillos ante los ventanales y rejillas ante la chimenea. Una bonita frase de Brecht nos ayuda a marcharnos, a marcharnos muy lejos: «¡Borra las huellas!». Aquí, en el cuarto burgués, el comportamiento contrario se ha hecho costumbre. Y viceversa, el interior obliga a sus habitantes a imponerse una cantidad altísima de costumbres. Se reúnen éstas en la imagen del «Señor amueblado», tal y como la tienen siempre presente las patronas. Habitar aquellos aposentos afelpados no era más que seguir una huella fundada por la costumbre. Incluso la cólera, que

al menor daño embargaba a los dañados, no era quizás sino la reacción de un hombre al que le están borrando «las huellas de sus días sobre esta tierra». Huellas que 'él mismo ha impreso en cojines y en sillones, las de sus parientes en las fotografías, las de sus bienes en fundas y estuches, huellas todas que parecen dejar a veces los cuartos tan superpoblados como un columbario. Los nuevos arquitectos lo han logrado con su acero y su vidrio: han creado espacios en los que no resulta fácil dejar una huella. «Tras lo dicho», escribió ya hace veinte años Scheerbart, «podemos hablar de una cultura del vidrio. El nuevo ambiente de vidrio transformará al hombre por completo. Y no nos queda ahora sino desear que dicha cultura nueva no encuentre demasiados enemigos».




















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« Más allá del ser y de su ausencia, más allá, siempre épekeina — allí, en ese ningún allí flota, impávida, LA DISPERSIÓN ».

    «    Más allá del ser y de su ausencia, más allá, siempre  épekeina    —    allí, en ese ningún allí  flota , impávida, L A  D ISPERSIÓN...